Reyes y Juglares Vallenatos

Promoción de artistas folclóricos

El acordeón en la vida individual y colectiva

INTRODUCCIÓN AL CONVERSATORIO SOBRE EL TEMA REALIZADO EN EL MARCO DEL QUINTO ENCUENTRO MUNDIAL DE MÚSICAS DE ACORDEÓN
Simón Martínez Ubárnez

El abogado y viajero francés Henri Candelier, al llegar en viaje de exploración a Riohacha en 1889, y antes de penetrar en el territorio peninsular hasta la Serranía de La Macuira, permaneció una temporada en la ciudad en donde hizo registro de los hechos cotidianos más significativos que llamaron su atención, especialmente relacionados con la vida social y cultural de la ciudad, de la cual dice algo que es muy importante analizar, por las connotaciones que tiene para la historia de la música en nuestra tierra y su significado en lo individual y colectivo. En la obra que escribió “Riohacha y los indios goajiros”, dice Chandelier que: “Las tres diversiones principales del riohachero son las parrandas, las peleas de gallos y la cumbiemba (sic); esa última es la diversión favorita de la clase pobre”.

Refiriéndose a lo que él llama cumbiemba, término transcrito literalmente por Max Fauconnet en la traducción al no encontrarle un equivalente en lengua francesa, dice específicamente que “es la danza de los obreros, danza absolutamente indígena…”. Y renglón seguido anota: “Quiero hacer aquí una descripción precisa para no quitar nada de su carácter, de su pintoresca originalidad; única en su género”.

Comienza en su descripción con el espacio físico que sirve de escenario a la cumbiamba, para lo cual no se escoge un salón a la usanza parisina o de las elites sociales que el viajero visitó en Santa Marta. Todo sucedía en una plaza al aire libre, sin cercas ni trabas, lo que da a entender que era un evento abierto a todo el que quisiera llegar. En el centro de la plaza, que era de la más absoluta sencillez, se colocaba un poste de dos metros y medio, encima del cual ondeaba la bandera colombiana en su parte superior; más abajo de la bandera colgaban tres o cuatro linternas suspendidas. El jolgorio se iniciaba “hacia las 8 de la noche, tres músicos vienen a apoyarse contra el poste, un hombre con un acordeón, otro con tambor y otro tocando guacharaca”.

Una vez se escuchan los primeros acordes y sonidos de los instrumentos, que fungen como aviso de invitación al jolgorio, los cumbiamberos comienzan a llegar al lugar desde los diversos rincones del poblado.

Llama la atención el cuadro descrito por el viajero. Cuando después de señalar que los músicos son los primeros en llegar y colocarse en torno al poste central; y del preludio que a manera de invitación hacen para llamar a los interesados, describe cada uno de los instrumentos, que en sí, conforman la trilogía original del formato con que fue interpretada la música vallenata desde sus comienzos; lo cual indica que desde finales del siglo XIX, ya andaban fusionados en conjunto. Al respecto señala Chandelier: “Todo el mundo conoce el acordeón, importado de Alemania, los tambores o mejor dicho el tamboril, tiene esa particularidad de cono truncado y no tiene sino una sola piel; es un instrumento parecido al de los negros de Martinica. También se pone entre las piernas y se toca con las manos”.

En la descripción del viajero encontramos ya un ejemplo de lo que el acordeón ha significado para la vida individual y colectiva, especialmente para las masas populares. En lo individual, ha sido un medio de expresión de los grandes intérpretes, que han hecho del instrumento una prolongación de su cuerpo y de su espíritu (“Este pedazo de acordeón/ donde tengo el alma mía…” (Alejo Durán, Colombia). “En el acordeón llevo siempre de viaje/ una parte de mi propia vida” (Raúl Barbosa, Argentina) ejecutando el instrumento en solitario, como aún se sigue haciendo en diversas partes del mundo. Para estos intérpretes solitarios, el instrumento es un ser que los complementa, un ser vivo que les habla, un ser que se mueve con su cuerpo, respira y hasta “tiene una sonrisa y una elegancia muy especial/ es como una muchacha bonita…” (Emilianito Zuleta, Colombia).

Originalmente nuestros juglares así lo practicaban, a lomo de mula o en la lejanía de hatos, haciendas y estancias. Pero también ha sido un imán que al escucharlo atrae al colectivo, como bien lo describe Chandelier, quien lo presenta como un elemento cuya música, misteriosa o mágicamente, convoca en torno suyo, porque, como dice Gabriel García Márquez “no sé qué tiene de comunicativo el acordeón que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento”.

En nuestra región, como en la mayor parte del mundo, la música de acordeón es música nacida en la periferia y poco a poco ha ido avanzando hacia el centro; desde las clases sociales populares, para expresar mediante el canto de la gente humilde los sentimientos que el pueblo experimenta, que son sentimientos universales experimentados por todos, sin distingos. Ha ido ganando espacios sociales y de lo inicialmente individual se ha ido transformando en música social y colectiva. En el caso vallenato ha sido el prototipo musical para la expresión de un folclor que nació en los corrales, potreros, aldeas y caminos, en las poblaciones lejanas y en los montes, en manos de vaqueros, arrieros y campesinos, y con el paso del tiempo se ha proyectado por el mundo, sin discriminación de rango social.

Muchos han sido los viajes del acordeón por los caminos del mundo, desde su remoto antecedente en el sheng chino, en cuyo sistema lo concibió y diseñó en Austria el organista y fabricante de pianos armenio Cyril Demian con el apoyo de sus hijos Carl y Guido, quienes lo fabricaron en Viena y lo patentaron en 1829, pero después fue identificado como alemán y reclamado como italiano.

Eso es lo que menos importa hoy, cuando sabemos que este instrumento está presente en todo el continente americano, desde Canadá hasta la Patagonia, y salvo casos excepcionales, sirve de expresión a músicas folclóricas representativas de nuestros países (country, corrido, bambuco, murga, tamborera, merengue antillano, perico ripiao, vallenato, forró, cumbia, polka, chamamé, cueca, sanjuanito, taquirari, vals, rumba, etc.).

Pero también está vigente en su continente de origen, desde la región cantábrica en España, Portugal, Francia, España, Suiza, Bélgica, Alemania, Holanda, Suecia, hasta internarse en África, con presencia en Egipto y países de la región subsahariana, Asia (Pakistán) y Oceanía (Australia y Nueva Zelanda) y la Polinesia (Isla de Pascua).

Es tan marcada la presencia del acordeón en el mundo y es tan expresiva de músicas folclóricas de gran representación en todos los continentes, que el 6 de mayo de cada año ha sido declarado como el Día Mundial del Acordeón. Todo lo cual demuestra cuál ha sido la importancia de este instrumento que sonríe, en lo individual y colectivo de todo el mundo.

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junio 24, 2013 - Posted by | Colaboradores, Eventos | , ,

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