Reyes y Juglares Vallenatos

Promoción de artistas folclóricos

El vallenato si evoluciona

Por: José Atuesta Mindiola

Cuando el filósofo Heráclito de Éfeso dijo (hace más 2.500 años): -“Nadie se baña dos veces en el mismo río”, quería significar, con esta metáfora, la evolución permanente de las cosas. Todo evoluciona, nada queda estático, todo es un fluir cambiante. Ese cambio permanente es la dialéctica de la historia.


Cada época, cada paisaje cultural y geográfico traen sus propios afanes y predominios que influyen en la creación humana. “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra es para los estudiosos de la literatura española, la máxima novela de la creación humana (fue escrita entre los años 1605 y 1615); pero estaría muy equivocado quien afirmara que como ninguna novela es superior a ésta el género narrativo novelístico no ha evolucionado.

La música de Escalona sigue ahí, sus letras y sus melodías tienen la influencia de la época y un momento histórico que vivió el autor; al igual que las de “Chico” Bolaños, Emiliano Zuleta, Lorenzo Morales, sus letras y melodías tienen su impronta personal. No obstante, lo que nadie puede desconocer es que las letras y los estilos son personales, y evolucionan. Difícilmente se puede esperar que un campesino que tenga virtudes para la composición musical, plasme en una canción los avatares de la ciudad que no conoce. Nuestros primeros juglares del canto vallenato, que eran campesinos netos, le cantaron a su entorno. Veamos estos breves ejemplos:

Francisco “Pacho” Rada (“El toro Tutancamen”)

Tengo un toro “Tutancamen”
esa es la vaca, él es estilo,
es un toro recogido
es un toro manchas grandes

Fermín Peña (“El tigre cabeza negra)

Un tigre cabeza negra
me está comiendo los chivos,
ya lo conocí en las huellas
y lo tengo de vecino

Emiliano Zuleta Baquero (“El Piñal”)

La finca donde vivo
allí fue que yo me crié
y por eso la compré
a donde vivo tranquilo.
Ahí me visitan mis hijos
y mis amigos a la vez

Después de esta etapa bucólica, de la descripción del entorno y las relaciones con sus vecinos, vino la primera ola lírica, siendo Tobías Enrique Pumarejo (“Mírame”) uno de sus máximos exponentes:

Mírame fijamente hasta cegarme
mírame con amor o con enojo
pero no dejes nuca de mirarme
porque quiero morir bajo tus ojos

Seguidor de esa escuela, como un David vencedor de la adversidad, aparece el gran hombre pensador, de mente prodigiosa, el invidente Leandro Díaz (“El verano”):

Yo les digo compañeros míos:
llegó el verano, llegó el verano,
ahora se verán los árboles llorando
viendo rodar sus vestidos

Siguiendo la escuela de su maestro y coterráneo, Tobías Enrique Pumarejo, surge el cronista mayor del canto vallenato, Rafael Escalona Martínez (“El Almirante Padilla”):

Barco pirata bandido
que Santo Tomás lo vea,
prometo hacerle una fiesta
cuando un submarino lo voltee en Corea

Y llegó con los primeros años de 1960, el romántico de los románticos, precursor de la nueva escuela literaria del canto lírico vallenato, el de las rimas asonantes y las metáforas decantadas emergidas de la añoranza vital de su alma y del caudaloso hontanar de la poesía romántica española, Gustavo Gutiérrez Cabello (“La provinciana”):

Un mal recuerdo que me hiere
al viento y a la noche se lo entrego,
soplo de brisa que se lleve
mi queja envuelta en gajos de luceros

Cercano a él, su primo hermano, el poeta juvenil de la vida truncada pero que dejó una selecta obra musical, Fredy Molina Daza (“Tiempo de las cometas”)

Tanto deseo porque perdure en mi vida
que se repitan felices tiempos vividos
Ya mi juventud declina
al compás de tiempos idos

A ellos le siguen los nuevos autores guiados por el esplendor de los luceros de Gustavo, y en la geografía del cielo vallenato surgen  Santander Durán Escalona, Sergio Moya Molina, Mateo Torres y Rosendo Romero y una extensa cofradía de compositores como Roberto Calderón, Aurelio Núñez, Guillermo Egurrola y Omar Geles, entre otros.

Rosendo Romero, quien se inicia reconociendo a Gustavo Gutiérrez como su gran maestro, de quien inclusive toma de su canción “La provinciana” esta bella metáfora (gajo de luceros) y la incluye en una de sus canciones más reconocidas como es “Noche sin luceros”:

Quiero espantar la mirla por la media noche
y reemplazar su nido por un gajo de luceros

Si, la música de Escalona es la misma, es apenas lógico y natural, la estructura melódica de sus canciones será siempre la misma, lo que varía es su estructura armónica en las modalidades de interpretación.  Escucharlas con el acordeón y con la voz del Nicolás “Colacho” Mendoza es muy diferente a escucharla en la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Antioquia en las voces de Iván Villazón y Marina Quintero.

La fusión en el canto vallenato está presente desde los albores en que el acordeón se acopló con la guacharaca y la caja para originar la trilogía. Nuestra condición de pueblo mestizo es un ejemplo de fusión. Alfredo Gutiérrez en un momento hizo la fusión del paseo vallenato lírico y el bolero dándole el sonoro nombre de pasebol. Estuvo de moda en su época, pero tal vez con su interés de demostrar que podía ser Rey Vallenato (y lo fue en tres ocasiones), se dedicó a grabar vallenato auténtico; fue cuando grabó “La cañaguatera”, uno de los paseos vallenatos mejor grabado en toda la historia.

El pasebol fue una fusión novedosa. Influenciados por esa fusión y en homenaje a una hermosa canción de Rosendo Romero, “Romanza de ilusiones” los directivos del Festival Vallenato de Villanueva, le dieron acta de nacimiento a un quinto aire del vallenato: la romanza. La romanza se denomina a un fragmento musical de carácter sentimental escrito para una sola voz o un instrumento que se distingue por su estilo melódico y expresivo y fue cultivada en la Edad Media y después hasta el siglo XVIII.

Toda creación humana es una metáfora del tiempo. Cada generación de artistas que se esmera por producir obras de calidad recibe las influencias de los maestros que le antecedieron y eso es evolución. O, como lo dice un poeta, “la vida cambia en las sendas del tiempo / hasta la luz se envejece y se apaga / pasan las cosas, quedan los recuerdos / en los jardines sagrados del alma /”.

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agosto 28, 2010 - Posted by | Colaboradores |

7 comentarios »

  1. El vallenato no evoluciona.

    Estimado poeta, reciba mi saludo fraternal. Antes que todo te agradezco infinitamente la décima magistral que hiciste para el cantor villanuevero Daniel Celedón y mi humilde persona; esas cosas no hay cómo pagarlas.

    El intérprete tuyo, el cantor de décimas Joaquín Pertuz se lució; el aplauso nutrido no se hizo esperar y “Joaco” se bajó de la tarima en la universidad de la Guajira, capítulo Villanueva, con la satisfacción de haberle llegado al corazón de los villanueveros presentes y foráneos con tu arte poético y su contundente voz de decimero de mediados del siglo pasado. Espero poder invitarte a mi casa y tenerte en mi mesa disfrutando un buen banquete de gallina criolla guisada, sancocho con malanga, arroz con fideo con queso “arrallao” por encima, dominico asado en parrilla, arepa de queso asada en hoja de almendro o corazón fino, carne asada bien adobada, queso sandiegano, agua de panela atanquera helada, aguacate perijaleño o mariangolero (competimos en calidad y tamaño), un vinito Sansón con hielo picado y de fondo el LP “Río Seco” de los hermanos Zuleta y el primero del “Binomio de Oro”, para poder compartir las buenas opiniones un rato.

    Bueno poeta, vámonos al grano. Tu análisis lo encuentro muy serio, respetable y juicioso. De ti no espero “saltos de matojos”. Me alegra sobremanera que te hayas dignado leer mi ensayo y con gran entusiasmo te respondo: Me iré al punto clave y el resto del escrito será argumento. El vallenato tiene dos elementos; el elemento uno es su letra y el elemento dos su música.

    Del elemento uno tenemos muchos libros escritos, que analizan historias de nuestros personajes, lugares, leyendas, anécdotas, letras y contenidos de sus cantos; de este elemento se sabe bastante, pero del elemento dos, se conoce poquito, porque, en el vallenato, son pocos los que escriben en partituras los cuatro aires, de tal forma que nosotros hablamos de lo que sabemos con respecto a la música de los cuatro aires por lo que el oído nos dice. Cuando yo hablo de la no evolución, si lees de nuevo mi escrito, te darás cuenta de que me refiero a las matrices melódicas, o sea, las del son, el merengue, la puya y el paseo, que fueron eso hace cien años y siguen siéndolo y lo serán por cien años más si cuidamos de ellas. No podemos ponerlas a evolucionar porque son moldes, matrices, nadie puede venir a decir: -… bueno, el son no será más así, de hoy en adelante será de esta otra manera. Es obvio entonces, que si alguien viene con otra cosa, eso será otra cosa, pero nunca será el son que se ha mantenido por cien años, por obra y gracia de la acción tradicional de generaciones que una tras otra las han ponderado, amado y reproducido a través del tiempo. Es a eso que me refiero, no niego que si se han dado movimientos en el vallenato, por ejemplo, el acordeón ha evolucionado del acordeón de un teclado al de tres teclados, por simple lógica concluimos que su modo de interpretarlo también evolucionó, enriqueciéndose, y eso lo vemos clarito en los festivales. Si “Chico” Bolaños o Luis Enrique Martínez resucitaran hoy y vieran a un niño de la escuela del “Turco” Gil tocando una puya, quedarían atontados por el asombro. Pero debo aclararte, poeta, que el modo de interpretar el acordeón no pone a evolucionar a los cuatro aires. Hace cuarenta años que el gran maestro de maestros, Andrés “El Turco” Gil, tocó el acordeón como lo están tocando hoy sus alumnos, con una ventaja adicional: “El Turco” es de los pocos acordeoneros o acordeonistas que se dan el lujo de escribir la partitura de un paseo o de tocar una melodía leyendo su partitura. Se cuentan con los dedos de las manos y sobran dedos para cuantificar a quienes pueden hacer esto.

    Existen modos rudimentarios de tocar el acordeón como lo hace Enrique Díaz, modo sinfónico como lo hace Jimmy Zambrano, modo europeo como lo hace Egidio Cuadrado y el modo académico que en el vallenato el único que lo toca así a la perfección es Andrés “El Turco” Gil.

    Son modos de interpretar las matrices pero todos ellos hacen el mismo son, la misma puya, el mismo merengue y el mismo paseo que siempre han sido.

    ARGUMENTACION

    La introducción que tú le haces a tu análisis con respecto al filósofo Heráclito de Éfeso es una realidad valiosa que en mi caso es favorable para ampliar mi planteamiento; el movimiento continuo al que se refiere Heráclito no determina una evolución perpetua en forma ascendente, pues no olvides que vivimos en el mundo de las cosas efímeras, en donde todo es dual. Existen lo frío y lo caliente, lo alto y lo bajo, la noche y el día, lo feo y lo bonito, lo bueno y lo malo, lo duro y lo blando, la vida y la muerte, todo sube, todo baja, todo fluye y refluye, en fin, la evolución tiene una hermanita gemela que es todo lo contrario de ella: la involución.

    Las civilizaciones suben y bajan ¿Que queda de la dinastía Chan? Nada. ¿De los imperios persas? Nada. ¿De los egipcios?, las pirámides. ¿De los romanos?, el circo. ¿Del imperio del sabio Salomón?, el Muro de las Lamentaciones. ¿De los Mayas?, las pirámides de Teotihucan. ¿De los Incas?, Machupichu y Cuzco. Etc. Subieron y bajaron y eso es todo; solo el movimiento continúa y siempre habrá cambios. Alguien dijo: -“Lo único permanente es el cambio”. No recuerdo quien (disculpa mi ingratitud). El movimiento continuo lo determina todo: el movimiento de rotación y traslación del planeta Tierra, la evolución del simio al hombre es obvio que niega a Dios, los únicos que toman un camino ascendente son aquellos que rompen sus ataduras con lo terrenal. La gente los llama santos, maestros, ángeles, profetas, ungidos, etc. etc.

    Poeta, un siglo da sus cosechas, todas suben, todas bajan. Ejemplo de la primera generación de los maestros del arte musical vallenato me refiero a la generación de Francisco el Hombre, es poco lo que podemos decir de ellos. De la segunda generación que tiene como puente entre Francisco el Hombre y nosotros a Francisco Irenio Bolaños Marshall (“Chico Bolaños”) ¿Qué se dice de él? Por entrevista realizada hace años por el doctor Tomas Darío Gutiérrez sé que “Pacho” Rada, a la siguiente pregunta: -¿Maestro, a quién escuchó usted tocar los cuatro aires juntos?- Respondió: -“A un tal “Chico” Bolaños”.

    Alejo Durán, al mismo Tomás Darío Gutiérrez le dijo: -“Yo no sabía tocar puya, el que me enseñó a tocarla fue “Chico” Bolaños. En la biografía de Tobías Enrique Pumarejo, él dice: -“Yo aprendí mucho de “Chico” Bolaños, Emiliano Zuleta Díaz. Él me contestó la siguiente pregunta: -¿Viejo, antes que tú, quién había por aquí que te infundiera respeto?. Respuesta: -“¡Por aquí no ha habido un músico como “Chico” Bolaños! Unos días previos al Festival Vallenato 2010, Lorenzo Morales me respondió esta otra pregunta: -¿Maestro, de dónde viene tu escuela? Respuesta: -“De “Chico” Bolaños”. Luis Enrique Martínez le respondió a mi hermano Israel la pregunta del millón: -¿Maestro, usted de quién aprendió? Respuesta: -“Yo aprendí mucho de “Chico” Bolaños y de “Pacho” Rada.

    Como puedes ver, poeta, estamos hablando de un hombre evolucionado en su arte y en su tiempo, estamos hablando de un “Turco” Gil de la primera mitad del siglo XX. Luego vino la generación Escalona, que ya empezó a extinguirse, continúan en pie y activos los de la generación de Gustavo Gutiérrez Cabello, quien observa con calma a este semillero de la internet y el celular, bregando para darle a entender la misión que tienen con nuestra música y el compromiso con una tradición.

    Todo este sube y baja tienen como eje: el son, la puya, el merengue y el paseo; no te olvides, poeta, que los grandes compositores de la canción vallenata tienen origen campesino, eran sembradores no sólo de yuca sino de malanga y plátano dominico.

    “La gota fría” con más de cincuenta versiones en el mundo y algunos setenta años de haber sido creada fue compuesta por un campesino iletrado de la Sierra Montaña (Serranía del Perijá), Emiliano Zuleta Baquero.

    Los compositores vallenatos no son magistrales por su preparación académica sino por un don espiritual; los compositores iletrados usaron metáforas deliciosas y personificaciones excelsas. Te resalto la famosa frase del poeta ciego de la canción: “Cuando Matilde camina hasta sonríe la sabana”. Lorenzo Morales, un campesino de Guacoche, escribió lo siguiente:

    Yo soy el ave zancuda
    que al ver gente desespera
    que se para en la laguna
    a esperar la primavera

    Los compositores de ahora, en su abrumadora mayoría, en muchas de sus canciones, no en todas, escriben dos estrofas largas, a veces en prosa por ser más fácil y sin figuras algunas qué apreciar, aun cuando sé que la mayoría de la gente piensa que no, pero para mi si hay compositores de valor, hablo de Wilfran Castillo (es un poeta), “Tico” Mercado, “El Pitufo” Balbuena, Richard Daza, Luis Egurrola, Jhon González, Jhon Dovale, Alejandro Sarmiento.

    Lo único que siempre les he pedido a las nuevas generaciones es que trabajen más las figuras literarias, aquellas como la metáfora, la anáfora, el símil, el retruécano, la personificación, y que no descuiden la rima ni las técnicas de la narrativa.

    Emiliano Zuleta Vaquero, “Toño” Salas y “El Mono” Fragoso eran iletrados y duraban horas improvisando en décimas. Una tarde el dirigente político villanuevero Rodrigo Dangond se llevó al viejo Emiliano y al “Mono” Fragoso para El Plan, para enfrentarlos con “Toño” Salas; Israel y yo íbamos tocándole la campana con un megáfono por el cual Gustavo Bula cantaba. “Toño” Salas no estaba en El Plan, entonces se enfrentaron entre compadres “El Mono” y Emiliano. Tomaron como pie forzado “el peso con la romana”. El viejo Emiliano, después de hacer la introducción, canto la cabecilla, de ahí en adelante improvisaron décimas que terminaban siempre con “el peso con la romana”. Por espacio como de una hora estuvo ese par dándose cajeta hasta que Rodrigo Dangond dijo: -“Paren; ninguno de los dos se ganan”. Poeta, este par eran campesinos.

    Conclusión: La técnica la tuvieron los egipcios, hoy la grúa más grande del mundo no da para mover una de esas piedras que los egipcios transportaron por centenares a una zona desértica no se sabe cómo ni de dónde. La forma como está construido Machupichu, con piedras que pesan toneladas y toneladas, superpuestas unas sobre las otras sin pegamento, nadie la explica.

    Las líneas de Nazca en el Perú que solo se ven desde el aire, con figuras de colibrí y otras, nadie sabe quién las pintó y por qué miden kilómetros y por qué desde la tierra no se ve nada; misterios, misterios. Un acordeonista, por muy técnico que sea, no podrá mover las matrices. ¿Será que estamos ante la presencia de un arte regio?

    Entonces, poeta, que vengan nuevos aires a ver si evolucionamos, y eso será con música tan sana que respete la ecología empezando por su propio cuerpo, que sea una música tan elevada, que transmita paz sin hablar de ella, que le cante al amor y al desamor con auténtico lirismo del alma, desprovista de los vicios que son propios al músico de hoy, que nos acerque más a los valores espirituales en donde la tecnología sea empleada a favor de la humanidad y no en contra como pasa hoy en día, todos somos potenciales carne de cañón del armamentismo mundial.

    Paz en tu corazón, poeta, y alegría en tu alma para que nos sigas deleitando con tu traza lírica y tu inspiración vallenata.

    Comentario por Rosendo Romero Ospino | septiembre 20, 2010

  2. Lolita Acosta, saludos. Gracias por este artículo de Rosendo Romero Ospino, un compositor que, desde mi juventud, lo he admirado; sus canciones “Noche sin lucero”, “Fantasía” y “Navidad” son cayenas florecidas en los jardines de mi alma.

    Lo felicito por sus argumentos musicales. Ese es su punto de vista, muy respetable por cierto; yo expresé el mío, desde la evolución del texto de la canción vallenata.

    Al igual que él, soy admirador de “Chico” Bolaños y de los maestros Luis Enrique Martínez, Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta Baquero (a quien conocí y traté, por ser tío de mi señora, Belky Salas).

    Quiero compartir con mi amigo y poeta, Rosendo Romero, y los amables lectores estas décimas (publicadas en mi libro “Décimas vallenatas”, 2006):

    EL ACORDEON

    I

    Aquí llegó el acordeón
    vino cruzando los mares
    y en manos de los juglares
    camina por la región,
    y conquista el corazón
    de cantos de vaquería,
    se une con la poesía
    en las noches de tambora,
    se despierta en la aurora
    bañada de melodía.

    II

    Una Leyenda famosa,
    y de ella también les hablo,
    Francisco derrota al diablo
    con canciones religiosas.
    El pueblo narra esas cosas
    con voces de fantasía,
    primaveras de alegrías
    florecen en el cantor,
    y en el sonoro tambor
    hay un mar de melodía.

    III

    La historia con precisión
    lo registra sin afán,
    el genio Kiril Damián
    fue el padre del acordeón.
    Y aquí por esta región
    un cronista lo relata,
    juglares de casta innata
    no se olvidan con los años,
    y fue el gran “Chico” Bolaños
    quien le dio alma vallenata.

    IV

    “Chico” Bolaños, el juglar,
    en mi memoria lo veo,
    fue el creador del paseo
    y bien lo enseñó a tocar.
    Dios hizo a Valledupar
    la tierra de promisión
    adonde anda el acordeón
    con su imperio musical.
    ¡Ay! ¡qué viva el festival!
    orgullo de la nación.

    Comentario por José Atuesta Mindiola | septiembre 20, 2010

  3. Tan hermoso leerlo como escucharlo en sus cantos. Grande, inmenso Rosendo.

    Comentario por Adrián Villamizar | septiembre 21, 2010

  4. Todo en esta tierra evoluciona con la fuerza de los espíritus que viven dentro de la Creación; por eso para los poetas: CAMINANTE, NO HAY CAMINO, SE HACE CAMINO AL ANDAR Y AL VOLVER LA VISTA ATRÁS SE VE LA SENDA QUE NUNCA SE HA DE VOLVER A PISAR… El arte evoluciona en otras manifestaciones, pero como a cada quien nos corresponde vivir nuestra época, nos parece inverosímil y hasta quejumbroso el tener que dejar nuestros despojos, desprovistos del ideal en el arte. Cuando un poeta canta sus historias le arranca a su vida las vestiduras y la riega con lágrimas. Lo importante es que cuando aviva la musa se rasga la tusa.
    Para algunos: “Todo tiempo pasado fue el mejor”.

    Comentario por Rodrigo Aragón | septiembre 22, 2010

  5. El tema abordado tiene unas implicaciones muy importantes y tendríamos que comenzar demostrando lo que muchas personas quieren desconocer y es que los aires vallenatos, por lo menos en sus inicios, son el producto de historias, eran hechos con base en casos reales, hoy en cambio, hemos avanzado, no en la construcción de un verso, sino en la forma estructurada del lenguaje, pero alejados de las vivencias. Hablar de evolución es internarse en un campo complejo, de muy poca comprensión para una parte de la sociedad, porque cuando se toca este tema, LO PRIMERO QUE LA GENTE CREE ES QUE EL VALLENATO HA EVOLUCIONADO Y ESTO NO ES CIERTO.

    Comentario por Lucas Acosta Fuentes | septiembre 22, 2010

  6. Indudablemente, no se puede hacer abstracción de las cosas que más queremos, y más si vienen incorporadas al ser y su espiritualidad.
    Al leer esta página que me envió mi amigo abogado y jurisconsulto Luis Vives Rovira, me deleitó con los razonamientos y la lógica que asumen los eruditos y sapientes personajes de nuestro litoral Caribe, versados en estudios, vivencias y experiencias como el profesor magister en cultura y vallenatólogo José Atuesta Mindiola y el maestro Rosendo Romero Ospina, ambos poetas con una lírica, un romanticismo y un costumbrismo inigualables, además de historiadores, lo cual les permite hacer símiles y trasladarse aplicando teorías y tesis razonables. En espacio y tiempo, exponer es valedero y si no me refutan, mejor, aunque esté equivocado. Casos vividos por Copérnico, Nicolás de Cusa y los astrólogos contra quienes la iglesia católica se oponía. Pero bueno, sin filosofar tanto, comparto la tesis de Rosendo, un maestro y compositor a quien admiro y alguna vez busqué ser su amigo, como lo soy de Rafa, Misael e Israel, sus hermanos. Una vez Israel me pidió que le entregara una grabadora de esas inmensas de los años 70 y 80, en Bogotá, donde lo busque por doquier en el barrio Santa Fe, donde residía y no lo encontré pero después recuerdo haber ido al colegio donde estudiaba, el Tirso de Molina, y allá le dejé la grabadora. “El Pollo” me confirmó que la recibió. Otra vez, algún día fui a El Espinal (Tolima) a buscarlo, donde él estuvo de profesor, pero por esa fecha andaba en Bogotá.
    Vuelvo al tema inicial. No podía dejar pasar por alto estos recuerdos de la vida.
    Lograr un cambio significativo en los hábitos, pensamientos y actitudes, demanda de nosotros un esfuerzo y una práctica constante y sistemática. Yo no veo evolución desde el punto de vista estructural de la música vallenata. Los ejecutores, cantores y otros exponentes respetan sus patrones rítmicos y armónicos, mientras las regiones marcan el uso de compases, pitos y bajos característicos.
    El merengue “El viejo Miguel”, una creación sabanera, es éxito clásico del folclor y pieza de concurso; “Los campanales” de Alejo Durán, que ha sido interpretado como paseo y como merengue, analícense las grabaciones de Jorge Oñate con Beto Villa y la de Colacho, solo varía la concepción melódica.
    Pueden agregar más instrumentos de percusión, de viento, electrónicos, pero la concepción básica, el ritmo, los marca el acordeonero o el guitarrista, según el caso.
    Viene una pregunta a los maestros, músicos y folcloristas: ¿por qué son cuatro los ritmos? ¿Por qué nos quedamos con esos cuatro ritmos básicos quedándonos estáticos frente a esos ritmos de nuestros viejos juglares como Chico Bolaños, Francisco Rada, Emiliano Zuleta, Lorenzo Morales, Luis Enrique Martínez, Alejo Durán, Juancho Polo, Abel Antonio Villa, Toño Salas, y decimos que lo lírico no encaja aquí, que la tradición no evoluciona? ¿Será que somos muy ortodoxos?

    Comentario por Jairo Diazgranados Acuña | junio 30, 2011

  7. Hola Jairo: Despues de leer tu escrito en esta polémica a raiz del artículo titulado “El vallenato si evoluciona”, no me quedó más remedio sino soltar una carcajada al imaginarte cargando esa grabadora, era de aquellas que parecían una maleta. Bueno, un millon de gracias por tan buenas intenciones de servicio. Lamento no haber estado.
    Despues de un tiempo casi tenía las esperanzas perdidas pues parecía que nadie se percataba de lo que realmente está sucediendo con el Vallenato.
    En materia de interpretación sí se ha dado una evolución. Por ejemplo: Jorge Celedón y Jimmy Zambrano con la interpretación del son “Ay hombe” de la autoría de Jorge, con la Orquesta Sinfónica, pero es el mismo son; el paseo lírico, lo que en Villanueva bautizamos como “romanza”, un término con amplio significado en Español igual que la palabra “juglar” y “trovador”, esta romanza no es más que una variante del paseo, el paseo “inventado” por Kaleth Morales es la variante del paseo lírico. Te aclaro: la romanza es la variante del paseo tradicional, y el paseo nueva ola es la variante del paseo lírico. En los tres hay diferencias dignas de analizar, yo siempre he dicho que la única forma que tenemos para demostrar una evolución musical es generando nuevos ritmos, y hasta ahora lo único diferente que se ha escuchado es el aire de pasiaito, del maestro Calixto Ochoa. Acuérdate de “Los sabanales” y otros del mismo autor. Decir que las fusiones son nuevos aires es mentirnos ingenuamente y decir que las fusiones es vallenato puro es otra mentira que no juega en el asunto.
    Por último, nosotros no estamos en contra de las nuevas generaciones, lo que queremos es que ellos sean concientes de que el vallenato es paseo, son, merengue y puya, y es lo único que permanece completamente claro entre la maraña del mercantilismo vallenato y dentro de los cambios generacionales que se han dado en estos cien años de música. Pero si observas con cuidado, en ellos hay una renuncia a seguir interpretando los cuatro aires, solo el paseo sobrevive en sus variantes y fusionado con el chandé, el fandango, el merecumbe y el porro.
    Las diferencias más marcadas entre los aires tradicionales y las nuevas interpretaciones se notan en la forma cómo se interpreta, por eso, para ir estableciendo un orden, hemos decidido hablar de vallenato tradicional, refiriéndonos a los cuatro aires básicos, y del nuevo vallenato. Cuando se trata de un fenómeno social como el Vallenato que se viene macerando a través de los tiempos generando configuraciones cual flor de jardín, a veces hay que esperar que los procesos se cumplan y que los tiempos arrojen sus resultados, bueno o malos. Lo único que nosotros podemos hacer es señalar en dónde hay lagunas, tierra blanda y tierra firme, pues en este asunto de la libre expresión constitucional, el derecho al trabajo y la creatividad, nos deja en la posición de defender sólo los valores vernáculos.

    Comentario por Rosendo Romero Ospino | octubre 19, 2011


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